Lo que los proutistas deberían aprender de las cooperativas kibutz de Israel

Tarak Thales Fortespor Thales José Carneiro Fortes Diniz
Licenciado en Filosofía por la Universidad Federal de Ouro Preto (Brasil)
Estudiante de la Maestría en Filosofía de la UCV

Resumen:

Este artículo describe el sistema cooperativista denominado kibutz en Israel respondiendo interrogantes sobre sus orígenes y fundación, recursos, estructura social, así como sus metas, desafíos, críticas, y los aprendizajes que se pueden obtener, incluyendo cómo utilizar recursos hídricos y económicos.

Palabras clave: kibutz, sionismo.

Introducción

2011-inventing-our-life-kibbutz-experiment-movie-posterEl sistema cooperativista denominado kibutz, que en hebreo significa agrupar, es un modelo cooperativista que comienza a formarse por primera vez en Palestina en 1904, siguiendo una oleada de expulsiones –motivada por el zarismo ruso– de judíos desde diversas partes de Europa, especialmente del sur de Rusia y áreas aledañas. Aunque el sistema de cooperativas existe en todo el mundo, estas no han desempeñado un papel tan importante como lo han hecho los kibutz en Israel en ningún otro país; de hecho, la misma fundación del Estado de Israel en 1948 dependió completamente de este fenómeno social.

La población de la mayor parte de los kibutz varía entre 200 y 600 personas, algunos con poco más de 100 y otros con hasta 1000 miembros. También se contratan trabajadores y se aceptan voluntarios. En 2010 las fábricas y granjas cooperativas de 270 kibutz rindieron el 9% de la producción de Israel, unos 8 mil millones de dólares, de los cuales el 40% derivó de la agricultura para un total que superó 1,7 mil millones de dólares. En este artículo consideramos cómo los miembros viven y trabajan juntos, y su significación para otras cooperativas. La mayor parte de esta información fue obtenida de antiguos residentes, algunos de los cuales pasaron gran parte de sus vidas en los kibutz y tienen familiares que siguen formando parte de este sistema.

Los kibutz

Los kibutz fueron fundados a principios del siglo XX sobre la base de la ideología sionista (el movimiento judío nacionalista que apoyaba el reestablecimiento de un país judío), aunque esto ha disminuido con el pasar de los años. Los kibutz, fundamentalmente cooperativas agrarias, no permitían a sus miembros ningún tipo de propiedad privada o jerarquía social. Esto se tomaba tan seriamente que ropas, regalos o cualquier adquisición proveniente del exterior debía ser convertido en bien común. Incluso, si un miembro recibía de un familiar, por ejemplo, un pasaje para viajar al exterior, su aceptación o no era discutida colectivamente en función del beneficio del grupo.

El primer kibutz fue el de Degania, formado en 1909 cerca del Mar de Galilea. Sus fundadores fueron judíos de Rumanía en su mayoría. Al comienzo, no utilizaban monedas; cada uno hacía el trabajo que podía y recibía lo que necesitaba. Los primeros mercados fueron colectivos y no se necesitaba efectivo para comprar. Todos los niños dormían juntos en una casa separada y había alojamiento comunitario para jóvenes y adultos. La noche del viernes hasta el sábado era el Sabbat (día sagrado para los judíos); también celebraban las demás fiestas judías.

Aunque comenzaron con la agricultura, hoy en día muchos kibutz tienen fábricas modernas, plantas de producción de comida y desarrollan tecnología de punta, incluyendo electrónica, software y bioingeniería. Desde su creación, los kibutz han asumido un rol de liderazgo en cuanto a la cantidad de bienes exportados en el país.

Cada kibutz proporciona educación básica, reconocida a nivel nacional por su eficiencia. La educación interna es comprehensiva y cubre temas que van desde agricultura y relaciones sociales hasta historia, física, matemática y otras disciplinas. En los kibutz, la crianza es colectiva en el sentido de que todos los miembros mayores o más experimentados pueden educar y corregir a todos los niños como si fueran sus propios hijos.

Los excedentes de la venta de productos y servicios se distribuyen de acuerdo a las necesidades. Por ejemplo, si alguien necesita tratamiento médico o estudiar en la universidad, el dinero se solicita al Fondo Comunitario, que está disponible para el uso de los miembros sin que esto genere deudas o compromisos posteriores.

Todas las decisiones son tomadas en reuniones en las que todos los miembros del kibutz pueden participar. También se puede elegir a un representante, aunque esta persona no posee privilegios por el ejercicio de sus funciones. En los primeros años de los kibutz, todos los voluntarios disfrutaban de herramientas y vehículos de uso colectivo, y quien necesitaba usar de los bienes comunitarios sólo tenía que consultar los anuncios de disponibilidad o, en casos especiales, hacer solicitudes formales. Con el paso de los años, sin embargo, esto cambió y hoy en día algunos kibutz se permite la propiedad privada, por lo que es posible tener carro propio, herramientas, e incluso hacer mejoras estructurales a las casas en las que se vive. Las posesiones privadas están permitidas siempre que no haya escasez en la comunidad. Hoy en día en varios kibutz hay cafeterías, espacios para la recreación y oficinas postales.

El problema del aguaKibbutz Sha, Israel

En un país en el cual más de la mitad del territorio es desértico, el agua representa uno de los mayores desafíos. Hoy en día, la mayor parte del agua potable en Israel proviene de la desalinización. Los kibutz crearon formas inteligentes para superar este desafío, purificando y extrayendo agua de las marismas, inventando el sistema de irrigación por goteo y tratando las aguas servidas para la irrigación. Estas personas descubrieron que las aguas servidas tratadas son más ricas en nutrientes que las provenientes de la ósmosis inversa, beneficiando a las plantas y contribuyendo a la agricultura sustentable. Estas formas de utilización del agua maximizan el uso de recursos escasos y contribuyen con la agricultura renovable.

Conflictos internos

Cuando el Estado de Israel se estableció por primera vez en 1948, fue reconocido por EE.UU. y Rusia, lo que rápidamente generó conflictos ideológicos. Aunque Israel adoptó una política neutral en los años 50 bajo el mandato del primer ministro David Ben-Gurion, se inclinó gradualmente en favor de Occidente. La decisión de apoyar uno de los bloques a mitad de la Guerra Fría causó una crisis en la nación como un todo, y especialmente en los kibutz, ya que muchos de sus miembros, los fundadores, eran socialistas. Los conflictos de ideales entre la igualdad total y la individualidad capitalista quedó simbolizada por la tensión generada dentro de las comunidades por la controversia sobre el mantener un comedor colectivo o permitir a los miembros comer en sus casas.

El sistema tradicional de rotación del trabajo en los kibutz hacía que todos los miembros distribuyeran su tiempo en los diversos sectores de trabajo; una semana se podía plantar y la siguiente, trabajar en la lavandería. Consideremos los pros y contras de esto. Primero, esto hace a la comunidad más autosuficiente porque las habilidades y conocimientos son compartidos; aún en tiempos de guerra nadie es indispensable. Segundo, cuando todos hacen todo, se reduce la insatisfacción laboral porque nadie permanece en un trabajo que le es desagradable o aburrido. Tercero, como nadie tiene títulos o trabajo específico, no hay jerarquía profesional, con lo que se eliminan los sentimientos de inferioridad. Por otro lado, los kibuts enfrentan dificultades para tener expertos. Algunos kibutz resolvieron este problema designando individuos para dirigir la investigación y desarrollo, o para entrenarse fuera y regresar con las habilidades necesarias. Otros contrataron o recibieron expertos del gobierno para entrenar a sus miembros.

Otra controversia surgió por las indemnizaciones derivadas del Holocausto de Alemania Occidental: ¿los miembros del kibutz debían seguir el principio de completa igualdad y entregar las compensaciones recibidas como resultado de daños personales? Cada kibutz decidió cómo resolver este problema: algunos permitieron a los sobrevivientes mantener toda o parte de la compensación, mientras que otros pidieron la suma total como donación. En general, el dinero colectado fue invertido siempre en la expansión.

Estos conflictos fueron minimizados por el éxito de las comunidades. En los años 60 y 70 los kibutz se desarrollaron más y sus miembros gozaron de mejores estándares de vida que los demás habitantes de Israel. Ellos tenían instalaciones recreativas incluyendo piscinas, centros deportivos, salones de recreación y jardines. En los testimonios sobre la vida en esta época, los residentes consideraban los kibutz como verdaderos paraísos.

Declive, debilitamiento ideológico: la privatización

Con el paso de los años, muchos miembros de los kibutz se dedicaron a carreras fuera de las comunidades. Comenzaron a acumular poder, privilegios y prestigio, y consecuentemente se incrementaron las diferencias en el estilo de vida entre los residentes, lo que permitió el aumento de las prácticas capitalistas. Los valores colectivos se debilitaron y la motivación para el trabajo en grupo decayó. Los kibutz comenzaron a compensar a sus miembros de diferentes formas para estimular la producción estancada, lo cual generó una crisis ideológica. El modelo capitalista con inclinación a la privatización de los bienes colectivos comenzó a influenciar a las generaciones jóvenes. Hoy en día, en algunos kibutz, los miembros pagan su propia electricidad, lavandería, alimentos, comidas en el comedor y franqueo. Todo lo cual fue gratuito alguna vez.

El objetivo inicial de los kibutz era encontrar una institución permanente que mantuviera un patrón de conducta capaz de viabilizar valores cooperativos y de compartir recursos a todos los niveles. Este esfuerzo requirió de mucha creatividad para desarrollar prácticas modelo para todos sus miembros. Sin embargo, algunos de los kibutz pioneros se volvieron resistentes al cambio y algunos, incluso, suprimieron toda innovación e ideas críticas. Esta crisis ideológica finalmente causó que las comunidades incorporaran soluciones capitalistas en desacuerdo con los principios básicos de los kibutz provocando desaveniencias y exclusión dentro del modelo social. El una vez extraordinario espíritu de abnegación por la comunidad se debilitó y, con él, la colaboración colectiva. El sacrificio individual pareció inútil, los incentivos personales y la meritocracia parecieron necesarios para mantener un alto nivel de producción agrícola e industrial.

Por los años 90, con el colapso de la Unión Soviética y del bloque comunista de Europa Oriental, la confianza en el socialismo declinó y muchos dejaron los kibutz en búsqueda de un modo de vida en el que se pudiera comprar lo que se quisiera y ganar más por el trabajo que se hacía. Así, varios sectores de los kibutz fueron privatizados y se pagaron diferentes salarios.

Ahora hay tres formas de compensación dentro de los kibutz: primero, la forma tradicional colectiva en la cual cada miembro recibe el mismo pago independientemente del trabajo que realice; segundo, el modelo mixto en el cual se obtienen los productos básicos de forma igualitaria junto con un salario que depende de la cantidad y del tipo de trabajo que se practica; y tercero, el más común hoy en día, el sistema por el cual el salario se paga de acuerdo al trabajo realizado y, algunas veces, también una porción del ingreso de otras empresas del kibutz. Aunque los miembros reciben un salario, ellos pagan un impuesto considerable destinado a ayudar a la comunidad y a los ancianos que ya no están en capacidad de trabajar.

Enseñanzas para los proutistas

Los kibutz desarrollaron un sentido de comunidad y un sistema cooperativo muy similar al de Prout, trabajando juntos con principios igualitarios, utilizando al máximo todos los recursos en forma progresiva y sustentable, reutilizando y reciclando. Unidos por una ideología fuertemente cooperativa y fraternal, y motivada por el espíritu de resistencia y supervivencia, su producción agrícola e industrial les permitió alcanzar una calidad de vida superior a la del resto del país.

De acuerdo con Prout, los líderes espirituales ideales necesitan desarrollar humildemente cualidades de todo tipo, espíritu de sacrificio y compasión. La rotación del trabajo ayuda a desarrollar estas cualidades y expandir nuestras consciencias. Al mismo tiempo, ya que la mayor parte de las personas no ha llegado a ser totalmente abnegada, es importante mantener un sistema de incentivos que recompense la experiencia y la preparación para mantener cooperativas fuertes y evitar la privatización.

El axioma marxista “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades” suena bien en la teoría, pero desde el punto de vista de Prout, los incentivos son esenciales. Deberíamos valorar y recompensar a los trabajadores que son un buen ejemplo por su servicio, motivando a cada uno a dar lo mejor de sí. Sin embargo, la disparidad entre el salario máximo y mínimo nunca debe ser excesivo y debería ser acordado por una asamblea general de la cooperativa.

En la medida en la cual el fervor de los sionistas y socialistas disminuyó entre los miembros de los kibutz, el espíritu cooperativo y la identidad colectiva también se debilitó. El éxito económico conllevó al mejoramiento de los estándares de vida, mientras la sociedad capitalista de consumo promovía el individualismo. Muchos ya no se sintieron motivados a sacrificarse; gradualmente se desanimaron, comenzaron a producir menos o dejaron que los kibutz se unieran a la tendencia social prevalente.

Prout reconoce la necesidad de una ideología cohesiva que una a las personas, pero propone una más universal y espiritual que rinde honor a nuestra conexión con cada persona de la familia humana, e incluso con toda vida y con el planeta mismo. Las leyes sociales deben prohibir efectivamente la acumulación de riqueza sin la aprobación colectiva de la sociedad.

Pensamientos finales

A pesar de los problemas y grandes cambios en sus propósitos y práctica, los kibutz siguen formando parte significativa de la economía de Israel. Ellos alimentan el país y emplean tecnología actual. En general, las personas que viven en los kibutz adquieren un fuerte espíritu cooperativo y un sentido de pertenencia al equipo. Podemos aprender mucho de las cooperativas kibutz de Israel.

Agradecimientos

Quisiera agradecer a todos los que ayudaron a preparar este artículo y lo hicieron posible empleando parte de su tiempo para hacer comentarios que lo mejoraron… Gracias Dror Marko, Abir Hod Oswaldo Hernandes y más.

Bibliografía

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Bettelheim, Bruno. The Children of the Dream, Simon y Schuster, 2001.
Gavron, Daniel. The Kibbutz Awakening from Utopia. Lanham: Rowman y Littlefield, 2000.
“Israel’s technology cluster”. The Economist. 19 March 2008.
Rosner, Menachem, et al. The Second Generation Continuity and Change in the Kibbutz. Westport: Greenwood, 1990.
Scharf, M. (2001). “A ‘Natural Experiment’ in Childrearing Ecologies.”
Segev, Tom (2000). One Palestine, Complete: Jews and Arabs under the British Mandate. Metropolitan Books.
“The Intellectual Capital of the State of Israel”. State of Israel Ministry of Industry, Trade, and Labor. November 2007. p. 27.
https://www.embrapa.br/busca-de-noticias/-/noticia/2114869/israel-busca-dessalinizar-toda-sua-agua-potavel

1 comment to Lo que los proutistas deberían aprender de las cooperativas kibutz de Israel

  • Thales, muchas gracias por compartir este articulo:

    Hace años que no leo nada relacionado con PROUT, aunque en algún momento me identifique bastante con esta teoría y la verdad me alegra ver que PROUT esta avanzando mucho.

    Me parece que los Kibutz son un excelente ejemplo de que el principio del beneficio colectivo esta presente en las personas, en unas más y en otras menos.

    En relación al sentido de lo comunitario, quiero aportar una reflexión. La familia es el ejemplo máximo de beneficio colectivo e individualismo al mismo tiempo: los padres pueden hacer todos los sacrificios por su familia y quizá también los hijos, y en general las personas que integran la familia van a defender el beneficio colectivo de su familia como leones, pero al mismo tiempo, la familia puede encarnar la estructura social más individualista cuando siente amenazada su sobrevivencia o por simple egoísmo y la percepción de beneficio colectivo o individualismo va a depender del lado del que lo veamos. Esto es correcto o incorrecto? no lo sé, pero este mismo patrón funciona a nivel comunitario y de naciones.

    Por otra parte, pienso que el ejercicio de la acción colectiva no debe perder de vista la diversidad en todos los ambitos de la vida de las personas. Somos iguales en derechos, pero tenemos subjetividades distintas. Podemos trabajar juntos por principios igualitarios, pero lo que debe prevalecer es la equidad, porque al igual que tenemos subjetividades distintas así también tenemos capacidades distintas que se valoran más o se valoran menos de acuedo al tiempo, lugar y a las pesonas o bien de acuerdo al mercado. Esta es una realidad que ha sido demostrada de forma implacable por la historia. Y me refiero al tema del mercado porque es importante no perder de vista que si bien el modelo de oferta y demanda es un modelo limitado – porque sabemos que la complejidad de la realidad esta muy lejos de ser céteris paribus (siendo las demás cosas igual) -, hasta ahora es el único módelo que explica más o menos como opera el mundo a nivel socioeconómico y si bien este es un modelo imperfecto, al menos nos da un buen punto de partida. Desde mi punto de vista, lo que va a determinar si un sistema es más capitalista o más solidario es el sustrato ideológico que opera en la base de este módelo: no es lo mismo producir bajo la lógica de la obsolescencia programada y del consumismo que nos esta llevando al abisto, que producir para satisfacer las necesidades humanas para satisfacer una demanda basada en el consumo responsable y de acuerdo a satisfactores más que a necesidades.

    Por último hay otro tema al que quiero referirme en este comentario. Esta muy bien, de hecho es muy inspirador que existan personas que aspiren a encarnar la perfección espiritual, porque esta es una propuesta única en su tipo y complementa muy bien las infinitas propuestas alternativas que hay en este momento, seguramente estas personas van a tener roles de liderazgo en escenarios futuros o quiza ya existen y lo están haciendo, en todo caso creo que las vamos a necesitar. Lo que no se puede perder de vista, y lo digo humildemente, es que los discursos deben dirigirse a un público más amplio y esto quiere decir que pueden existir personas (como yo) que se identifican con una parte de la propuesta de PROUT, pero no con todo el planteamiento. Sinceramente no creo en una ideología cohesiva, creo que existen prácticas, conceptos y marcos de referencia muy relativos, que varian de acuerdo al tiempo, lugar y a las personas. Esto debe ser tomado en cuenta.

    Saludes fraternos,
    Danavrata

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